EL COSTE INVISIBLE DE LOS CUIDADOS

Mientras los gobiernos se benefician anunciando ampliaciones de derechos y presumen de avances sociales, la dependencia sigue sosteniéndose por el trabajo no reconocido de millones de mujeres que atienden a familiares con una disponibilidad de veinticuatro horas diarias todos los días del año.

Ese trabajo tiene un coste enorme. Se paga con el abandono carreras profesionales, con nula independencia económica, con el deterioro físico y psicológico, con aislamiento y con pensiones mermadas. La vida y la independencia de las mujeres.

Las cuidadoras necesitan, no un cambio de nombre, sino derechos, protección, cotizaciones dignas, descanso, sustituciones y apoyo real.

El reconocimiento no puede convertirse en la coartada que perpetúe un sistema que descansa sobre el trabajo gratuito o malpagado de las mujeres. La dependencia debería dejar de depender de la renuncia de las mujeres.

Los cuidados no deberían ser una obligación de las mujeres. Mientras el Estado siga delegando esa responsabilidad en ellas, seguirá reproduciendo una desigualdad estructural que se presenta como solidaridad, cuando en realidad es una forma de explotación perfectamente normalizada.

Una sociedad que solo funciona porque millones de mujeres renuncian a su empleo, a su salud, a su tiempo y a su libertad no está defendiendo los cuidados. Está institucionalizando la desigualdad y convirtiendo el sacrificio femenino en un pilar permanente de las políticas públicas.

Manifiesto por el reconocimiento de las personas cuidadoras principales en la reforma de la Ley de Dependencia