El crimen de una mujer que cantó

Setenta y cuatro latigazos. Ese es el castigo que el régimen iraní ha decidido imponer a una mujer por cantar. No por matar, no por agredir, no por violar ninguna libertad ajena. Por cantar.

Parastoo Ahmadi grabó un concierto sin público presencial y lo difundió por internet. Cantó sin velo, mostró el cabello, el cuello y los hombros, y dejó que su voz pudiera ser escuchada por hombres. Ese fue el crimen.